LA CASUALIDAD CAUSAL

CATALIZA, así ha acabado llamándose este sueño de un puñado de soñadores pragmáticos, que se comprometieron con ellos mismos y con el mundo a contribuir a cambiar las cosas, a crecer de un modo distinto, compartiendo donde otros competían, soñando donde otros se empeñaban en sufrir, mirando desde arriba lo que era más normal mirar desde abajo….aunque, claro, depende de lo que consideres normalidad.

Un buen día, tras varios fracasos que tenían por causa la individualidad, uno de esos soñadores tuvo la idea de hacer algo distinto, fuera de lo convencional, fuera de lo ya probado y testado. Seguidor de Einstein y de su teoría de “si pretendes algo distinto haciendo lo mismo es que eres estúpido”, se lanzó a dar vueltas sobre un problema, así que un cúmulo de ideas se disputaban su atención, hasta que la simiente del trabajo cooperativo fue tomando forma en su cabeza.

Un encuentro de compañeros con similares reflexiones fue suficiente para que el caldero de la ilusión empezará a borbotear. Decidieron poner una buena cantidad de pasión, añadieron un chorro de creatividad, una pizca de locura y sazonaron con conocimientos y experiencia en una mezcla que dio en llamarse sabiduría compartida.

Y saliendo de ese encuentro, como no podía ser de otra manera en este país, ese grupito decidió darse un homenaje entre manteles de papel, refrescos y alguna cerveza. Esos manteles hicieron que la alianza se tornara más fuerte y auténtica y naciera una confianza en ese sueño, que ya estaba dejando de serlo para convertirse en realidad.

Ese virus de ilusión se propagó en gran medida, contagiando primero a unos y luego a otros, llegando incluso a seducir a algunos de los druidas de la profesión, auténticos sabios ilustrados que hicieron suya esa pasión y la transformaron en trabajo. Primero fue una ciudad, luego otra y después otra.

Los encuentros devenían auténticos laboratorios de creatividad, organizando, creando, imaginando, pensando en grande, dejando a la mente ir más allá de las propias fronteras para alcanzar horizontes hasta ahora no visitados por ese puñado de, entonces, soñadores. Y ahí es donde se dieron cuenta de que lo imposible no era tal, que los límites habían sido puestos por ellos mismos y que, tal como se habían puesto, podían quitarse….y eso hicieron.

Muchas fueron las personas involucradas y muchas las aportaciones de quienes decidieron salir a bordo del barco, por la bocana del puerto y de quienes, en un alarde de honestidad y generosidad, decidieron quedarse en puerto para integrarse a la tripulación en cuanto sus cuadernos de bitácora, así lo aconsejaran.

Hoy por hoy, CATALIZA se asemeja a un restaurante en el que la sala está llena de comensales deseosos de probar tan sabrosos platos, que se están preparando en la cocina, con todo el mimo y el cariño que necesitan, y con toda la agilidad que requiere el cliente hambriento.

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