Construyendo entre todos

castellersUna mañana de domingo en la Plaza de la Virreina de la Vila de Gracia en Barcelona. Un grupo de personas, hombres y mujeres, niños y niñas, de entre los 4 y los 60 años, están presentes en el lugar.

Antes de empezar, se van ciñendo sus fajas, los más chiquitines, los anxenetes, se cubren la cabeza con la seguridad de un casco, caras de nerviosismo. Al cabo de unos minutos de ejercicios de calentamiento y de ambiente festivo, son llamados a realizar su gesta.

Se colocan las piezas de abajo, fuertes, robustas, auténticos cimientos de lo que debe ser una construcción sólida, conscientes de que deben soportar el peso del resto de la estructura. Es una estructura, no obstante, atípica ya que se tratan de diversos pilares colocados en paralelo, contra la tradicional figura circular que va creciendo en altura.

Me sorprende, en primer lugar, las caras de concentración de todos y cada uno de ellos, están presentes en el aquí y el ahora, conscientes de la importancia de la función que desarrollan, ajenos a los éxitos del ayer y al éxito que sin duda coronará su empeño de hoy. Mirada al frente, músculos en tensión, una tras otra, las piezas se van colocando en su lugar, en el lugar que cada una sabe que les corresponde, ayudadas por las que ya están ahí.

Por fin llegan esos escurridizos anxenetes, figuras en sí mismos, por valentía por coraje, por ilusión; van trepando escalón humano a escalón humano, paso a paso, con su objetivo concreto en mente, con su visión: coronar la torre y levantar la mano como símbolo del éxito del esfuerzo conjunto.

No hay independencia en esa torre, tampoco dependencia si no una fuerte interdependencia, superando el estadio de ambos estados. Capaces de ser en sí mismos estructuras únicas y de formar parte de algo mucho mayor, ayudando y prestando soporte.

Terminan su construcción, la deshacen en orden pieza a pieza, conscientes del peligro que aún les acecha: un resbalón, un movimiento inesperado y todo puede acabar en desgracia.

Finalmente llegan al final, caras de felicidad, de objetivo conseguido, de sacrificio conjunto. Sus músculos tiemblan por el esfuerzo realizado. Todos y cada uno de ellos lo han conseguido, cada uno realizando su función, necesarios todos, imprescindibles ninguno.

Gracias Equipo, sin la participación de todos, esto hubiera sido irrealizable.

 ¿Serías capaz de fundirte del mismo modo con tu Equipo?

Jordi Vilà

Socio

jvila@cataliza.org  www.cataliza.org

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